30 de junio de 2006


Me gusta mirar por este agujerito todas esas pequeñas cosas que tú -sin saberlo- me enseñas de tí.

28 de junio de 2006

¿Te gusta conducir?


Uno de los objetivos que cualquier campaña de publicidad debe buscar es que la frase en la que se concrete el mensaje publicitario, normalmente un slogan, sea recordado por el público. Si esta frase, además, conecta con los intereses y los gustos de la gente, y ésta lo repite sin parar, el éxito está conseguido.
Aunque los spots publicitarios de BMW son crípticos y bien realizados a partes iguales, a todos se nos ha quedado grabado en la cabeza el ¿te gusta conducir? que nos recuerda el placer de sentarse al volante de un bólido….al que le guste, claro está. No es precisamente mi caso. No hace ni tres años que tengo el carnet de conducir y ya temo, en un par de días, la entrada en vigor del sistema de puntos.

Aprobé el examen práctico a la tercera después de dar unas 100 clases prácticas (no exagero). El teórico a la primera. Mi profesor, en Mallorca, me decía que lo de conducir se le daba mejor al que no tenía estudios, que a los abogados y los economistas no se les daba bien lo de llevar el auto. Pobre consuelo, listo en los despachos, inepto al volante.

Y es que a mi lo de ir conduciendo me encabrona. No soporto los atascos. Me pongo en tensión pensando que ésta será la vez en la que me darán un porrazo. Prefiero mil veces el papel de copiloto. Paso de mi pobre buga, heredado de mi padre que, pobrecito (el coche, no mi padre) no se merece el repasito que tiene dado por los lados. Es lo que tiene el que no te guste conducir.

21 de junio de 2006

Amor, versión beta



adopt your own virtual pet!


Todos hemos probado alguna vez un programa en versión beta. Es una aplicación que no te asegura que funcione del todo pero que, por lo menos, te sirve para hacerte una idea de cómo sería tu vida con ella.

Como me considero incapaz de tener una pareja, he decidido adoptar un mono, por eso de ir probando con metas fáciles. En realidad siempre he querido tener un gato y llamarle Rafael, no me preguntéis por qué, porque no tengo ni idea. Como no es un animal de compañía lo que busco, y el mono es el animal que más se parece a los seres humanos, me ha parecido adecuado adoptar a un simio. Que se llama Rafael, o Rafa si lo preferís.

No le aseguro al pobre que vaya a estar muy pendiente de sus necesidades. Si no soy capaz de hacerlo con mi pareja, podréis imaginar lo que durará mi interés por Rafa. Lo que tarde en escribir otro post. De todas maneras, no creo que me necesite para mucho.

16 de junio de 2006

El taxista y el Sónar

El otro día andaba yo en un taxi por la mañana, algo sobado, camino del palacio de congresos para entrevistarme con alguien. El taxista, un hombre de unos cincuenta años, pelo completamente blanco, la clásica camisa de rayas y pantalones de pinzas, era la viva imagen del estereotipo de taxista sevillano. Nada de particular, por otra parte, ya que los taxistas en Sevilla son una tribu urbana en la que se parecen mucho los unos a los otros.

El buen señor tenía la radio puesta – otro must de la profesión – desde donde un locutor hablaba pastosamente como sólo un locutor de Radio 3 puede hacerlo. Sonaba una suave melodía mientras que hablaba de esta edición del Sónar, que en estos días se celebra. El locutor hablaba de fusiones electrónicas con músicas latinas cuando se calló y dejó que el tema sonara con más fuerza. El taxista entonces empezó a dar golpecitos acompasados en el volante mientras que la melodía sonaba. Yo apoyé la cabeza en el cristal, aún un poco dormido, y me dije que cuánto habían cambiado las cosas en unos años.

Recordaba aquel taxista de Mujeres al borde de un ataque de nervios, la viva imagen del hortera-tecno-rumboso, con el pelo peroxidado y multitud de gadgets en el auto: kleenex, revistas y, por supuesto, el mini santuario que nunca puede faltar. En Sevilla los taxistas nunca han sido tecno-rumbosos y mucho menos peroxidados, pero en imagenería no hay quien les gane. La placa “Yo conduzco, ella me guía” acompañada de la efigie de la Virgen del Rocío es un clásico en la flota de taxis hispalense. Pero parece que las cosas, también en los taxis de mi ciudad van cambiando. Los conductores se están aficionando a la electrónica más ecléctica, esa que suena en el Sonar de día y en Fluido Rosa en Radio 3.

El tema fue perdiendo volumen mientras terminaba y el taxista me preguntó que por qué camino quería que me llevara, a lo que yo le respondí que por el que quisiera (no sé ni por qué preguntan, cuando al final hacen lo que les da la real gana). El locutor pastoso se metió en nuestra conversación para dar paso al siguiente tema, con su respectiva exposición estilística. El taxista y yo parecíamos esperar ansiosamente la siguiente canción. Me estaba empezando a gustar el rollo taxi en Sevilla. El tema sonó, bueno, sólo comenzó a sonar. El ritmo pasó de ser pausado a vigoroso. Yo comencé a taconear con los pies casi emocionado por el temazo que me esperaba, cuando la mano del conductor canoso salió disparada del volante a la radio y con un fulminante toque de la yema de su dedo índice cambió de emisora. Sonaba rabiosamente el Friends will be friends de Queen y a mi me vino a la memoria el anuncio de una cerveza con el mismo jingle. El taxista se recostó confortablemente en el asiento y metió la cuanta. Definitivamente hay cosas que no cambian tan deprisa.

14 de junio de 2006

Irresponsable

A veces me gustaría ser irresponsable. Despertarme un día por la mañana y no hacer nada que no me diera placer. Abrir los ojos muy despacio y ver el sol saliendo, y volverlos a cerrar sabiendo que no me tengo que levantar para ir a trabajar, o a estudiar, o a lo que sea. Sentir el placer inmenso cuando los párpados vuelven a caer y, aunque ya casi dormido, eres consciente de que te estás durmiendo, y que no pasa nada.

Quisiera vestirme y no mirar ningún reloj, e ir a hacer algo, cualquier cosa, pero que me gustara mucho. Y hacerla todo el tiempo que quisiera, sin prisas por tener que terminar. Me quedaría embobado mirando cualquier cosa simplemente por el gusto de contemplar algo bonito. Y me tiraría en el sofá escuchando música mientras la tele está puesta sin volumen, con cualquier programa al que le encontraría yo algún nuevo significado.
Cuando yo fuera irresponsable no habría ni ayer ni mañana, sólo importaría hoy, y más que hoy, ahora. Cada momento vivido lo sería al máximo y no tendría ni que guardar nada para después ni cargar con la culpa de algo que hubiera hecho antes.
Ese día saldría por la noche y estaría con todos mis amigos. Y lo pasaríamos genial y la noche no se acabaría nunca. Y no me sentiría culpable por haberme pasado de nuevo, porque al día siguiente no tendría otra cosa diferente que hacer a lo que he hecho hoy.

Me parece que necesito unas vacaciones.

9 de junio de 2006

Cálida electrónica

Desde chico me ha tocado sufrirlo. Siempre me ha gustado una música diferente a mis amigos. Cosas de la vida, esto de ser también en los gustos musicales un bicho raro.

Me acuerdo que en verano, en Punta Umbría (Huelva), donde desde siempre ha veraneado mi familia, mi amigo Edu se mofaba de mí. Me decía que eso de la música electrónica no era música. Que la música la hacían los músicos y no las máquinas. Que la música se hacía en directo y no en los estudios. Yo no decía nada, no porque no tuviera argumentos, sino porque Edu hablaba mucho mejor y mandaba muchísimo más que yo en la pandilla. A él le gustaban los U2, un grupo de tipos duros. A mi, realmente los U2 me decían bien poco. Prefería ponerme el walkman y botar con la cinta de grandes éxitos de Bananarama. La tenía original, pero para no estropearla le había hecho una copia en una cinta de las buenas, de las de cromo.

Cuando pasaron unos años, la electrónica se volvió más macarra que nunca. Y en España, o escuchabas Duncan Dhu, o te ponías a bailar bakalao. Yo, ni uno ni otro. La electrónica se hizo con la fama de música fría, sin sentimientos ni sensibilidad. Entonces era cuando grababa los vídeos musicales que ponían en la MTV, que teníamos de escaqueo por el vídeo comunitario. Qué tiempos aquellos, pensar que ahora ya no hay ni cintas VHS, ni videos, comunitarios o de uno sólo.

Pasaron algunos años y todo empezó a cambiar. Madonna se terminó por quitarse toda la ropa en Erotica y hasta los U2 se animaron con los sintetizadores, y vaya si bailaban los chicarrones con Lemon.
Ahora, aunque seguimos con los mismos gustos de siempre, con las mismas canciones del verano y demás, por lo menos me parece que aunque sigo siendo un bicho, al menos no soy tan raro. Ya no me gustan las Bananarama, pero me sigue gustando la música electrónica.

Aunque aún hay quien piensa no muy bien de la música electrónica. El otro día mi compañero de trabajo Yago me dijo que eso está muy bien, pero en las pistas de baile nada más. Pero a mi me parece que no, que hay temas que me hacen volar en el sofá de mi casa y que hacen que me suban unas rosquillitas por el estómago….y sí, bailo, pero en el salón de mi casa. Y cojo la escoba y me barro la casa en un plis plas escuchando un temita. ¿Quién ha dicho que esto es frío?


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2 de junio de 2006

El buey solo bien se lame

Hace años que vivo solo. Mi soledad no ha sido ni elegida ni impuesta, simplemente las circunstancias me han colocado allí. El destino quiso que, finalmente, se hiciera justicia familiar y mi madre consintiera que yo terminara en el apartamento que ella durante años había alquilado. Digo justicia familiar porque mi hermana, su marido y sus dos hijos disfrutan desde hace años de un piso por donde, como diría mi madre, corren los caballos. A mi eso no me importa, mi zulo, como a mi me gusta llamarlo, es un pequeño apartamento al que en el último año he colmado de pequeñas comodidades. Pinté las paredes de amarillo. Compré un sofá grande, muy grande, donde uno puede dormir la siesta a pierna suelta. Tiré los muebles que estaban y adquirí otros más modernos y a mi gusto, no necesariamente todos en IKEA. Y me compré una cama de matrimonio con muelles de látex y arcón para guardar la ropa. Ahora no me explico cómo podía dormir en una cama de 90.

Mi hermana me dice, con cierto regusto a envidia, que el buey sólo bien se lame. Que no me case, que se está bien solo. Que para qué aguantar marido y niños. Y no le falta razón. Yo no sé qué es eso de pelearse por el mando. Ni esperar turno para ducharme. Ni depender de nadie para salir, entrar, volver a salir y no entrar hasta muy tarde de nuevo en casa. No es cierto que no se valore lo que se tiene, porque yo soy muy consciente de las ventajas de la vivir solo. Mi vida me la organizo yo y sólo yo tomo decisiones sobre la misma. Cuándo limpio, cuándo como y qué hago solo depende de lo que me apetezca. No tengo ataduras, soy absolutamente libre.

Pero a veces, quizás en demasiadas ocasiones últimamente, me gustaría no ser yo el que me lamiera. Porque los lametones del otro saben más ricos que los propios. Que hubiera alguien a mi lado que me acompañara. Tener a alguien con quien pelearme por el mando. Elegir ese mueble que falta con quien es más que un amigo. Hacer un plan para el verano para dos y no para uno. No puedo negar la evidencia, a veces me canso de lamerme yo solito.

Estas son las cosas de la vida, bueyes, perros o personas, a todos nos gusta lamernos, pero también que nos laman. Decía que la vida era como una galleta, pero también puede ser como un helado. Te lo puedes comer tu solo o lamerlo a ratitos con otro.

Sed buenos el fin de semana...lametones para todos y a todas