26 de diciembre de 2006

Crónica navideña

Vale, de acuerdo, estamos en Navidad. Por muy poco que me guste, es tiempo de paz, amor y todas esas cosas que se suelen decir en estas fechas tan señaladas. El 24 y 25 de diciembre no iban a ser una excepción para mi. Por extraño que parezca, la Nochebuena la organizo yo en mi casa. No es que me dé un arrebato de espíritu navideño. El arrebato es de responsabilidad familiar. Me explico. Mi hermana cena con su familia política y mis padres tienen tal edad que podrían llegar a confundirse con mis abuelos (mi madre 73 años, mi padre diez más). Con lo que me parece adecuado asumir ciertas responsabilidades a mis treinta y dos y organizar en mi casa la cena de Nochebuena.

Ya que me tocaba cocinar, pensé en hacer algo especial. Aunque sé que mis padres tampoco es que fueran a dar botes de alegría (nunca han sido el espíritu de la golosina, la verdad). Una crema de verduras, un redondo de ternera con salsa de manzana, la guarnición de brécol caramelizado y dos o tres cosas más me tuvieron entretenidos la tarde del 23 y la mañana del 24. Y limpiar la casa, que por una vez que vienen tus padres, no estaría bonito que encontraran pelusa.

Y llegó el momento. Voy a buscar a mis padres a las ocho de la tarde. Antes he de continuar he de apuntar que la avanzada edad de mi progenitor y su salud hacen que por las tardes no se encuentre muy bien que digamos. Vamos, que el pobre no está para nada. Continuo, voy a buscarlos. Los recojo y nos vamos a mi casa. Mi padre dice que no se encuentra muy bien. Horror, y yo con la cocina hasta arriba de platos con el clásico plastiquito por encima. Primer plato superado. En el segundo mi padre empieza a flaquear. Voy a sentarme en el sofá. Yo miro a mi madre con los ojos en blanco. Mi padre llega al postre a trancas y barrancas. Todo está muy bueno, lástima que no haya podido estar a la altura de las circunstancias, me dice, y me enternece. A las nueve los estoy llevando de vuelta a su casa. Miro el reloj del coche, las nueve y cuarto. Manda huevos la Nochebuena, con lo poquito que me gusta a mi la Navidad.

Todo el episodio me deja un poco chafado -el cuadro era pintoresco: cohetes sonando por doquier y yo recogiendo a las diez la cena de Nochebuena con Telepasión de fondo en la tele-. Aunque no me hacen falta, pienso que es una buena excusa para salir de fiesta a ahogar las penas en acohol. Termino a las ocho de la mañana saliendo acompañado de un garito. Me hacen una proposición indecente que el frío y la falta de taxis a la vista me hacen rechazar. Vuelvo andando a casa mientras veo la luz del amanecer y me como unos churros. Voy pensando en todo lo que posría haber hecho acompañado y se me escapa una media sonrisa con las luces del amanecer al pasar por el puente.

Sorprendentemente me despierto al mediodía sin resaca. No hay excusa posible para engañar a mi sentido de la responsabilidad. Tengo que ir a casa de mi hermana a la recién inagurada comida navideña del día 25, con papá, mamá, los suegros y nos niños. Mi padre aguanta mucho mejor el tipo al mediodía. Mi sobrino toca la flauta dulce y mi sobrina baila bulerías. Todos nos reimos ¡Maldita Navidad!

22 de diciembre de 2006

Lo que está por venir

Estoy loco porque se terminen las Navidades. Así de claro. Este año no he desarrollado el típico espíritu antinavideño que me suele agriar el carácter por estas fechas, en plan el Mr. Scroose, el viejo huraño que protagoniza la novela de Dickens Cuento de Navidad. Sin embargo, el exceso de festejos me tiene agotado. En realidad es una mezcla de sensaciones. Por una parte, está la obligación de asistir a los eventos, que es impepinable. Pero también está la satisfacción de pasarlo bien. Porque otra cosa no, pero bien me lo termino pasando. Sería algo parecido a qué-asco-más-rico, expresión imposible pero a la vez completamente descriptiva. Y hablando de celebraciones de asistencia obligada e impepinable, esta noche participaremos de un evento de los que hacen historia. Ni más ni menos que el cumpleaños de Jesús. Que por otra parte, digo yo que ¿por qué todo el mundo parece cumplir años en diciembre, con la de fiestas de por medio que hay? A lo que iba, Jesús cumple años, no sé cuántos, pero intuyo que un puñado. Y lo celebra en el taller del Pepino, ahora reconvertido en epicentro de la noche sevillana y rebautizado como The Pepinal Club. Los asistentes, como no podían ser de otra manera, gente con chispa, divertida, amena....degenerada y hedonista. Como yo, claro está. Y así, hedonista, es el nombre que se le ha dado al evento. The Hedonist Night. A mi todo esto me parece una excusa muy bien montada para matar un buen puñado de neuronas de una atacada.
Cuando el día termina, comienza el hedonismo

19 de diciembre de 2006

Leggings antivarices y cilindro de plátano


Como vengo comentando últimamente, la posmodernidad es lo que se lleva ahora. Por lo menos eso es lo que me nos ha contado uno de nuestros profesores del doctorado, aunque haya quien piense que todo son una sarta de tonterías. Las fechas navideñas son muy señaladas para poner en práctica aquello de mezclar lo más moderno con tradiciones antiguas, que ya no están en uso y a las que se le da un nuevo valor. Yo, empedernido party animal, me he dedicado a estudiar -desde un punto de vista estrictamente sociológico- a las personas que me rodean y de paso a mi mismo en las últimas fiestas a las que he asistido y no puedo dejar de reafirmarme en estas conclusiones.

El sábado pasado comenzó mi investigación. La ocasión era idónea. Celebrábamos el cumpleaños de Pepa en una de las discotecas de moda. Allí nos congregamos lo más granado del underground chic hispalense. Y entre tanta modernidad mi amiga Mª Luisa -aristrócata y sin embargo retirada a la vida contemplativa- me sorprendió. He venido de Tarifa sin ropa para arreglarme y me he tenido que poner a rebuscar en los cajones de mi hermana.Me decía a pesar de ir vestida de la más rabiosa actualidad con unos leggings negros. Le he pedido a mi madre sus medias antivarices y las he cortado, ¿a que quedan bien?.Eso fue lo que me dijo y yo no pude más que asombrarme ante tan posmoderna actitud, ese dar un nuevo uso a las viejas medias reconvertidas ahora en objeto fetiche de temporada.

Casi sin darme tiempo a recuperarme, el lunes celebramos la comida de Navidad de la empresa. Restaurante de diseño en hotel de congresos, menú de imposible comprensión. Cilindro de plátano con bogavante era uno de los entrantes. A pesar de que el aspecto no era de lo más atractivo -una lámina amarillenta de plátano tipo muesli que rodeaba una pasta rojiza- no pude evitar probarlo, por aquello de hacer cosas por cultura. La cocina moderna, nouvelle, deconstruída no es lo mío. Creo que desde pequeño no tenía esa sensación imperiosa de necesitar sacar lo que tienes en la boca pero que, a pesar de todo, debes tragar
. Después de la comida nos fuimos a tomar las copas de rigor en el bar debajo de la empresa. Se trata de una suerte de antro pseudomoderno donde se juntan tristes y rancios oficinistas. Sólo decir que los viernes reparten flyers con copas gratis con la sugerente leyenda: After office. Porque no todo va a ser trabajar. El momento posmoderno lo protagonicé yo, en forma de bailes tribales al son de los ritmos latinos endiablados. Prometo documento gráfico en breve.


Leggings antivarices. ¿Se puede ser más posmoderna?

18 de diciembre de 2006

Comida de Navidad



APERITIVO DE GALA
Bombo de foie con gelatina de manzana
Paté de perdiz con rizos de apio y cilindro de plátano con centollo
Galleta de tomate con bonito gratinado sabayón de aceitunas
Muslitos de codorniz con lentejas de la armuña
Buñuelos de queso con salsa Cumberland

MENÚ
Lomos de langostinos con vienesa sobre estofado de lentejas verdes

Tournedor de solomillo ibérico con puré de melocotón y salsa de oporto/ Es posible elegir pescado como segundo plato: Lomos de merluza con laminas de chipirones y salsa de berberechos

Tarta florida

Bebidas: agua mineral, cerveza, manzanilla, refrescos, vino blanco, vino tinto, café con delicias navideñas y cava
Dios mío, hoy es la comida de la empresa y no tengo ni la más remota idea de lo que nos van a poner de comer...

14 de diciembre de 2006

Posmodernidad (sociología)


Conjunto de cambios económicos, políticos, sociales y culturales ocurridos en las últimas décadas -no exentos de discusión- con importantes implicaciones.

La posmodernidad se caracteriza por una aceleración de las tendencias existentes, la hipercentralización del poder, la supremacía de los símbolos, el individualismo, la tecnología, la mediocracia, la globalización de los flujos financieros, el marketing como herramienta clave para la consecución de las ventas....pero también supone retomar antiguos recursos tradicionales en desuso, como las relaciones personales, la vuelta a lo local. Posmodernidad es gusto refinado con sensibilidad popular. Arte y mercado. Nuevo y viejo. Es estar todo el año con la Blackberry y el iPod a cuestas pero ver las puestas de sol en Zahara de los Atunes tomando tranquilamente un mojito de La Gata con los colegas. Al final, sí que vamos a ser posmodernos.

10 de diciembre de 2006

de boda

Seré un hijo de Papá, pero desde que me fui de casa de mis padres nadie me ha tenido que planchar una camisa. Éstos pensamientos me pasaban por la cabeza mientras que yo intentaba poner un poco de orden en las arrugas de la camisa de lino –de mi padre- que me pondría en la boda a la que tenía que asistir en media hora.

Para mi el asistir a una boda resulta problemático por el simple motivo de que tengo pocas cosas que ponerme para la ocasión. Entiendo que si vas a un sitio, debes seguir las normas –el manido y no por ello menos infalible donde fueres, haz lo que vieres-. No me gusta señalarme de esa forma, siendo el modernito de la boda que ha venido sin corbata y con zapatillas de deporte, al más puro estilo Emilio Aragón en VIP Noche. Menos mal que de mi época de consultor todo a cien guardo un traje de Roberto Verino que me viene al pelo. Eso, alguna camisa de mi padre y una corbata estratégicamente elegida y se sale del paso.

Los miedos se disipan cuando llegas a la iglesia. Siempre hay alguien que ha hecho esfuerzos por parecer vestido por sus propios enemigos, como diría mi madre. En esta ocasión, hubo un puñado. Desde el citado modernito sin corbata, que lo hubo, hasta una señora con una túnica imposible.

A parte del tema indumentaria, el hecho de ir a una misa es algo que me causa sentimientos encontrados. En la iglesia me descubro susurrando las oraciones de memoria, frases dichas de cabeza automáticamente. Me sorprende que ya nadie se arrodilla en el momento de la consagración. Casi ninguna persona comulga. Como llegué con la ceremonia comenzada me quedé en un banco retirado, hasta que no pude más y me salí a tomar el fresco.

Como la celebración era fuera de Sevilla y no conseguí que nadie me transportara opté por pasar mi primera boda abstemia. Y aguanté estoicamente tomando cerveza sin alcohol en el aperitivo, algún sorbito de vino o champagne (el Möet&Chandon no iba a dejar de probarlo) y medio cubata. A partir de ahí, a cocacolas. Cuando el chim-pún se volvió endiablado, me largué, con la esperanza de que me parara algún control de la policía. No lo hicieron.

5 de diciembre de 2006

Las imprudencias se pagan cada vez más

Y su coste ha sido esta vez, exactamente, 25€. Veinte por el nuevo móvil, cinco por el duplicado de la tarjeta SIM. El primer duplicado es gratis pero claro, es que es el segundo móvil que pierdo de fiesta este año.
Por eso pido desde estas líneas emails, sms o cualquier otra comunicación con vuestros números de teléfono...es horrible tener la agenda vacía.

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2 de diciembre de 2006

Cosas que se hacen por cultura

Pues tú te vas a ir a dar clases a Osuna (1) dijo la funcionaria desde detrás de la ventanilla sin levantar la cabeza del papel en el que escribía.
¿No tendría usted un sitio más cerquita para hacer una sustitución? le contesté yo entre gracioso y suplicante.
La mujer levantó la cabeza y me contestó, muy seria: Y te puedes dar con un canto en los dientes. Fin de la conversación. Y así fue cómo empezó mi semana en Osuna, en la que todos los días hice cosas por cultura, esas cosas que normalmente no haces pero que una vez que las has hecho, te dan ese saber de la experiencia que todo adulto que se precie debe de tener.
LUNES: Por primera vez en mi vida cojo un tren a las siete de la mañana para ir a trabajar. La jefa de estudios no se presenta y el conserje del centro, amablemente, me muestra la clase en la que tengo que hablar de no sé qué a no sé quien.
MARTES: Nunca antes había visto un examen antes de hacerlo yo. Resisto la tentación de decir a mis alumnos lo que les va a caer el martes que viene, pero no puedo evitar de lanzar en clase los clásicos Recordad que esto es muuuuuuuuy importante. Por la tarde me toca ir a un claustro de profesores y como soy el más nuevo tengo que ser el secretario en la votación.
MIÉRCOLES: Voy a trabajar en coche y cuando salgo de casa es de noche. Sorprendentemente,
hay gente que hace lo mismo que yo. Es increíble pero a las siete de la mañana ya hay retenciones en el Puente del Quinto Centenario. Como soy jefe de mi departamento tengo que ir a una reunión con el director, la jefa de estudios y el resto de jefes. A escuchar cosas que no tendré que hacer porque me voy el viernes.
JUEVES: Los alumnos me llaman Zaulo o maestro y me saludan por el patio. Algunos creo que ya se han dado cuenta de que estoy un poco chalado. Me siento uno más del instituto. Me invitan a la cena de Navidad profesores y alumnos.

VIERNES: Me lío la manta a la cabeza y simulo entrevistas de trabajo con los alumnos. Entro en clase disfrazado del médico que hace la selección de personal, con bata y fonendoscopio en ristre. La peña, literalmente, lo flipa.
Pero como en la película Mary Poppins, el viento cambia y me tengo que marchar. Me sorprendo cuando casi se me cae una lagrimita al montarme en el coche. Cosas de profe novato. Cosas de hacer cosas por cultura.


(1): Osuna: localidad sevillana a 80km de la capital que en 2005 contaba con algo más de 17.000 personas censadas y una de cuyas principales fuentes de riqueza es la industria transformadora del aceite. De ahí las grandes chimeneas humeantes y el olor a alpechín.