Enseñar Sevilla a un extraño es siempre un ejercicio divertido. La ciudad –y Andalucía, en su conjunto- es un sugerente cócktail de tópicos que a los extraños les encanta consumir: la cerveza al sol, las tapitas en los bares y la guasa a todas horas. Pero Sevilla en Feria es un espectáculo que deja al de fuera con la boca abierta. Por eso el pasar esta Feria de Abril con Amilcar, Raist y Uve ha sido más divertido aún que enseñarles la ciudad. Como decía hace algo de tiempo –con los acertados, y no desafortunados comentarios de Donetta- la Feria es la reproducción social de la misma Sevilla, aunque llevado al límite. Para mis amigos ha resultado perturbadora la visión de tantos hombres y más mujeres disfrazados con el traje típico sevillano. Me riñeron por no prevenirlos sobre la conveniencia de traer ropa elegante para pasearse por el Real. Y es verdad, y por eso resulta un ejercicio divertido enseñar Sevilla en Feria. Las cosas que a uno le parecen normales, a los de fuera les resulta totalmente chocantes. Como la de ver a la multitud con sus mejores galas en un recinto del que sales prácticamente amarillo por el albero. Ellos no esperaban que precisamente yo fuese el que sacara de mi armario un par de camisas para no ser yo menos que el resto de Sevilla en cuanto a indumentaria. Especialmente comentada fue la ropa de los caballeros, que a mis amigos les pareció de un estilo muy anticuado. Y no puedo más que estar de acuerdo, aunque no había sido totalmente consciente de ello. Los hombres elegantes, en la Feria de Sevilla acompañan a las mujeres ataviados con un traje de chaqueta casi invariablemente azul, si es por la noche. Durante el día, se visten con chaqueta clara. Los más presumidos llevan chaqueta americana de mil rayas azules o –sólo los más atrevidos- en color rosa. Ciertamente, la indumentaria masculina en la Feria responde bien a cómo se entiende que debería vestir un señorito andaluz de los de toda la vida.
De hombres y masculinidad también se habló esta semana. Me he entretenido en convencer a mis amigos que han de separar las ideas de sexo y género. Que es posible ser otro tipo de hombre que no responda al patrón que todos ya conocemos. Y me quedé sorprendido cuando me confesaron su gusto –musicalmente hablando- por el electroclash, estilo eminentemente petardo, irreverente y muy, muy homosexual. Después de ver el vídeo del tema de Putilatex Mira una moderna me he quedado convencido de que quizás soy yo el que se debe de quitarse los prejuicios respecto al género masculino, liberarme y convertirme en una auténtica electroperra, como canta el grupo. Una de las noches, estando en una caseta atestada de chicas elegantísimas y chicos con chaqueta y corbata, alguien me vino a decir lo mismo. Ante mi queja de ser el bicho raro por ir de moderno y sin chaqueta, me espetó que no fuera tan prejuicioso. Tenía toda la razón del mundo, aunque no sé cómo hubiera respondido el personal ante el grito ¡electroperra!