Tengo el tiempo justo para bajar al gimnasio, en los bajos de mi mismo bloque, y cocinarme después lo que ahora se cuece detrás. Me coloco el disfraz de deportista y me percato de que el moreno de albañil ha hecho estragos en mi. Estoy de lo más gracioso con mi camiseta sin mangas que muestra claramente que aún no he ido a la playa en condiciones. Creo que aún me quedan un par de toallitas autobronceantes del Mercadona, que ahora sí que parece que pueden tener un uso claro. Me calzo y salgo de casa. Cierro la puerta y suena algo parecido a un turco cortando la carne para un doner kebap. Miro instintivamente hacia el final del pasillo, a la puerta K. La puerta está abierta y de espaldas a mi, en el recibidor de la casa hay un hombre que me mira a través del reflejo del espejo que cuelga en la pared. Es él. Va vestido sólo con unos calzoncillos de cuadros y se sujeta una sien con una mano mientras que con la otra se pasa una máquina de afeitar por la cabeza. Yo bajo la mía –instinto de supervivencia o inteligencia superior debida a la selección natural- y llamo al ascensor.
Ya abajo se lo digo al portero. El ruso ha vuelto, ¿no?. No me lo puedo explicar. No me termina de entrar en la cabeza que todo vuelva a ser como antes, después de lo que pasó. El portero me inquieta aún más al hablarme de la cabeza, la de la chica. La herida tan grande que tenía ahí se la hizo el otro golpeándola con la llave de la casa en el puño. Supongo que el hecho de que vuelva a dormir con su enemigo tiene que ver con que no tenga aquí a nadie más, según sigue explicando el cancerbero de mi bloque. Yo creo que también tiene la culpa la falta de autoestima y amor propio que tienen algunas mujeres, víctimas del estereotipo que las convierte en ciudadanas de segunda, desvalorizadas y condenadas a asentir y callar.
En casa pongo la tele y anuncian una nueva víctima de la violencia –antes de género- machista. Les he de dejar porque las albóndigas ya están listas y tienen una pinta estupenda. Confieso que es la primera vez que las cocino y que las bolitas de carne las he comprado ya liadas. Yo prefiero dedicarme a otro tipo de líos. Me pregunto si la chica de la puerta K tendrá invitados esta noche para cenar.