26 de julio de 2007

Haciendo la maleta

Me estoy desperezando la siesta mientras me tomo un café y me digo a mi mismo que con fumar hachís ahora lo único que voy a conseguir va a ser no terminar de despertarme en toda la tarde. Pero no pasa nada. Estoy de vacaciones. Diez letras que significan que durante un mes no voy a tener que escuchar el despertador. Treinta días para hacer al menos cinco planes. Ahora que me siento un poco más despierto -después de dar unos sorbos extra al café- espero no estresarme por tener que hacer tantas cosas. Eso es imposible, estoy de vacaciones.
Lo primero de todo
será hacer la maleta. Mañana por la mañana salimos a Fuerteventura. Playas de arena blanca, buena comida y surferos, ¿qué más se le puede pedir al verano? He de reconocer que este año daré definitivamente el pego. Tabla de bodyboard con su correspondiente funda, aletas y neopreno. Sólo me falta aprender, el resto ya lo llevo. Cuando vuelva de Canarias, unos días a Zahara de los Atunes y Los Caños de Meca. La aventura no será pequeña: acampar en la azotea de una amiga se presenta como el reto de esos días (y noches). Después, el día diez de agosto, repetiré el plan del año pasado. Pepa, Álvaro y un puñado más de gente nos daremos una vuelta por Almería y su Creamfields. Cuando termine, las neuronas que me queden y yo mismo (si puedo) nos trasladaremos algunos días a Punta Umbría, donde la familia seguramente se alegrará de saber que sigo vivo. Una vez cumplido el deber familiar, la pandilla se mueve en dirección este hacia Portugal. En Carrapateira estaremos una semana midiéndonos con los surferos lusos después del entrenamiento en Fuerteventura. Aunque seguramente nos centremos más en beber cerveza Sagres, comer sin parar y echar por tierra meses de gimnasio y de clases de spinning. Me muero por empezar.

Espero encontrar algo de tiempo para escribir. Si no es así, hasta septiembr
e.



17 de julio de 2007

En una fiesta que se precie no debe faltar...




Gente

con

chispa

(Pepa ¡cómo brillas!)

10 de julio de 2007

Cruising cantaloupe

Últimamente me estoy haciendo de rogar en esto de escribir. No tiene nada que ver con la esterilidad creativa, sino más bien con la escasez de tiempo para poner sobre el teclado las ideas que me vienen a la cabeza, que son muchas. El calor aprieta en Sevilla con la misma fuerza que mi agenda de eventos veraniegos. Hay muchos planes, Portugal, Fuerteventura, Almería, Zahara y más Portugal. El plan Z -como siempre- es ir un par de días a estar con la familia en Punta Umbría. Aunque he reflexionado, y me parece injusto –e incluso prejuicioso- catalogar a la playa onubense en la que tanto me he bañado como un infierno. Punta Umbría, engañando un poco a los sentidos, puede convertirse en la Ibiza del sur.

Me preguntaba Pepa el otro día si había ligado en Punta. Yo le comenté que aún no, y era sábado por la tarde. Pues vas a tener que darte prisa, me dijo ella, sin saber cuánta razón había en sus palabras. Los gays –o algunos, por no generalizar- desplegamos una serie de mecanismos de socialización sexual sorprendentes a la par que escandalosos para más de uno/a. Pepa no sabía que yo contaba con la baza del cruising. Cruising es practicar sexo en lugares no destinados para tal fin. Lo cual llamar de forma nueva a algo muy antiguo, el clásico aquí-te-pillo-aquí-te-mato. La innovación se encuentra en la existencia de lugares en los que, de forma premeditada, se acude a buscar alivio (no espiritual, precisamente). Estoy leyendo un libro, Homografías, en el que los autores afirman -con mucha razón- que gran parte de la historia de la homosexualidad se ha escrito en los urinarios de las estaciones, centros comerciales y un largísimo etcétera de sitios donde sólo los que saben entender, entienden su verdadero significado. Juro que no dan lecciones para aprenderlo. Un día, sin más, te das cuenta de que aquí se liga.

Una parte de la playa de Punta Umbría está dedicada al cruising. Antes de llegar al pueblo, por la antigua carretera, queda aún un trozo de playa al que se accede pasando por un pinar, el antiguo kilómetro 14. Dunas, pinos, romeros, serpenteantes senderos y, finalmente, el mar. Pero entre el mar y la carretera hay muchas historias de amor de diez minutos que han sido escritas. La dinámica es bien sencilla, un paseo, un vistazo, un acercamiento, un alivio. Lo que allí se ve y se siente es difícilmente explicable. Digamos que cada uno lo hace como puede, y los hay realmente explícitos. Son reseñables los caballeros de cierta edad, que dejaron la vergüenza atrás, convencidos ya de que con ella no se folla, y que anuncian desde lejos todo lo que pueden ofrecer.

La playa está ahora bastante más concurrida que hace años. Pandillas de chicos con las respectivas mariliendres, señores maduros de moreno integral, jóvenes matrimonios con hijos, en fin, un ambiente curioso. Con una simple pulsación al iPod y entornando los ojos y te sientes transportado a otro lugar. Así paso las tardes de los sábados, fumando tranquilamente en la toalla, comprendiendo por qué el beach house se escucha mejor en la playa y con el gusanillo de que la próxima excursión a las dunas dé sus esperados frutos.

Y es que en el placentero sopor que me va llenando me hace pensar en que llevo toda una vida haciendo esto del cruising. Abro por un momento los ojos y veo como un joven de unos veinte años se pasea por la orilla nervioso, mirándonos a todos de reojo. Hace no tanto era yo el que miraba hacia las dunas, y ahora estoy aquí, convencido de lo a gusto que estoy y deseándole al chico que encuentre la forma de borrar ese odioso gesto que revela su malestar interior, pensando que está haciendo algo malo. Me doy la vuelta y veo un grupo de cuatro chicas. Una de ella está en la toalla a cuatro patas tratando de coger algo de la bolsa de playa. Tiene un bronceado dorado y una piel que incita a la caricia. Sus pechos caen como dos pequeños melones amarillos, y se me antojan dulces, como los de la variedad cantaloupe. Vuelvo a cerrar los ojos y me dejo llevar por la música.

2 de julio de 2007

Jugando a ser un oso

El año que viene me voy al Orgullo Gay de osito
porque me gusta su manifiesto
y sólo tienen espinas en apariencia