Dos días después volvieron los golpes, de nuevo del carpintero. Parece que la chica moldaba se ha parapetado bajo una elegante puerta de seguridad que le estaban instalando. Abajo, en la calle, la administradora de mi bloque de pisos me relataba sin omitir detalles las consecuencias del desastroso desencuentro entre los ciudadanos de Europa del este. La pierna rota, una brecha en la cabeza (le han tenido que hacer un TAC) y el ojo echado abajo. Además, le ha robado dinero que tenía en casa. Allí está ella ahora. ¿Allí está ella ahora? No creía que ella volviera tan pronto, pero por lo visto lo ha hecho ya. La administradora-portera continuó su relato. Él también ha estado. El otro día tuvo que subir Javier –el portero- porque ella no le dejaba entrar. Ha ido a poner una denuncia a ver si le dan una orden de alejamiento o lo que sea. . Yo llevaba algunos días pensando en este momento, cuando ella regresara y yo, sin conocerla de nada, llamara a su puerta, me mostrara amable, le dijera que yo llamé a la policía, la animara, la tranquilizara diciendo que vivía en la puerta de al lado. La administradora lo pintó todo de otro modo. No te recomiendo que lo hagas. Cuando te metes en las peleas de las parejas, al final se van a la cama y lo arreglan, y tú sales perdiendo. Imagínate que ella le dice: menos mal que llamó a la policía el chico de la puerta E.
Ahora mismo tengo un nudo en la garganta. Me la ha retorcido las últimas palabras de la administradora. Yo que tú no lo haría.