29 de marzo de 2007

Yo que tú no lo haría

Volví a escuchar ruido en el pasillo. Esta vez no eran pasos, ni los gritos de la chica, ni los golpes de la bestia intentando echar abajo la puerta. El sonido provenía del impacto de un martillo sobre unos listones de madera que tapaban burdamente los agujeros por los que había estallado la ira del ruso. Como si de tiritas se trataran, tapaban las heridas sobre la casa de la chica moldaba, pero seguro que no cubrirían las que le dejó dentro semejante hijoputa.

Dos días después volvieron los golpes, de nuevo del carpintero. Parece que la chica moldaba se ha parapetado bajo una elegante puerta de seguridad que le estaban instalando. Abajo, en la calle, la administradora de mi bloque de pisos me relataba sin omitir detalles las consecuencias del desastroso desencuentro entre los ciudadanos de Europa del este. La pierna rota, una brecha en la cabeza (le han tenido que hacer un TAC) y el ojo echado abajo. Además, le ha robado dinero que tenía en casa. Allí está ella ahora. ¿Allí está ella ahora? No creía que ella volviera tan pronto, pero por lo visto lo ha hecho ya. La administradora-portera continuó su relato. Él también ha estado. El otro día tuvo que subir Javier –el portero- porque ella no le dejaba entrar. Ha ido a poner una denuncia a ver si le dan una orden de alejamiento o lo que sea. . Yo llevaba algunos días pensando en este momento, cuando ella regresara y yo, sin conocerla de nada, llamara a su puerta, me mostrara amable, le dijera que yo llamé a la policía, la animara, la tranquilizara diciendo que vivía en la puerta de al lado. La administradora lo pintó todo de otro modo. No te recomiendo que lo hagas. Cuando te metes en las peleas de las parejas, al final se van a la cama y lo arreglan, y tú sales perdiendo. Imagínate que ella le dice: menos mal que llamó a la policía el chico de la puerta E.

Ahora mismo tengo un nudo en la garganta. Me la ha retorcido las últimas palabras de la administradora. Yo que tú no lo haría.


22 de marzo de 2007

Placer visual

Mi amigo Mariano me lo descubrió el otro día. La verdad es que ya se me había pasado por la cabeza, pero no era muy consciente de ello. O no he querido serlo. No haces más que fotografiar las tetas y las piernas de las tías. Y tiene razón. Llevo una temporada de cierta fijación con el físico femenino. Quizás esa fijación ha existido siempre y es ahora cuando se está manifestando. Me ocurre especialmente cuando estoy con mi cámara. Sin saber exactamente por qué, me siento atraído por el escote de mis amigas. Me dejo seducir por el encanto de sus pechos. Por lo que enseñan. Pero mucho más por lo que está oculto. Reconozco que tengo un punto fetichista. Siento cierta fascinación por la medias. Las puntillas de lencería que sobresalen descuidadamente. La insolencia de unos tacones de aguja. Lo confieso, me gusta mucho mirar. Es sólo un placer. Es todo un placer.

19 de marzo de 2007

El final del pasillo

Doce y media de la noche. Me voy sumiendo muy lentamente en el sueño. Dormir me cuesta, no sé bien si es por el nerviosismo o por los porros. O porque no me aguanto a mi mismo. Cloc-cloc-cloc. Algo suena pero no sé qué es. Por algo me estoy quedando dormido, por una vez. ¡Pam-pam-pam! Eso han sido golpes. Subo al salón. Subo a la puerta de la casa. Me acerco a la puerta y miro a través de la mirilla. ¡Pam-pam-pam! Alguien está golpeando la última puerta del pasillo, creo. Estoy medio dormido y más que medio fumado, alguien está dando golpes pero no acabo de centrar la acción. Se escucha una voz femenina hablando algo que parece ruso. Consigo centrar la acción. Al final del pasillo vive una pareja del este (del este de Europa, no de Sevilla Este, insigne barriada sevillana). Todo parece ocurrir bastante rápido o quizás soy yo, que percibo y proceso con lentitud. La pareja del este pasa por delante de mis narices hacia el ascensor. Menos mal que está la puerta entre nosotros. Menos mal que tiene mirilla y lo veo todo. Pasan hasta el descansillo delante del ascensor, no puedo verlos. Ella habla por el móvil y, de repente, él da una voz en su idioma. ¡PAM!. ¿Qué coño ha sido ese golpe? Ella empieza a gritar. Le ha pegado un viaje el cabrón. Los dos vuelven a pasar por delante de mi. Ahora me alegro muchísimo más de que nos separe la puerta – y de que tenga mirilla. Me separo de la puerta. Ella sigue gritando. Parece que entran en la casa. Policía, llama a la policía. ¿Cuál es el número de la policía? ¿No han cambiado el número de la policía? Cojo unas páginas amarillas. ¿Qué haces cogiendo unas páginas amarillas? El cero noventa y uno. El número de toda la vida. El cero noventa y uno.

En diez minutos tengo a cinco policías nacionales en el pasillo de mi planta. Yo sigo detrás de la puerta, y mirando por la mirilla. La casa debe apestar a porros. Como les abra se me va a caer el pelo. Me quedo escuchando. ¿Habla usted español? Tómale los datos a ella. Éste va medio colocado. Llama a una ambulancia. Un policía y una policía bajan. Detrás le sigue otro que lleva al hombre. Grita y se retuerce ¡No!¡No!¡No!¿Se va usted a estar quieto de una vez? Veo que un chaval baja de la planta de arriba. ¿Has llamado tú?¿Has visto algo? No, yo soy de la planta de arriba y he llamado cuando he escuchado los gritos. Todos bajan y el pasillo se queda en silencio. La luz se apaga. Tengo que bajar, que yo sí que lo he visto. Siento repentinamente una gran responsabilidad. Unos zapatos, dónde tengo un par de zapatos. Llego a la calle. A un lado, la mujer se mantiene la cabeza. Parece que le ha dado. Ella no dice nada. No veo sangre pero sí dolor. No tengo nada que decir. El chaval dice divertido, cuando se la llevan a la ambulancia Joder tío la que se ha montado. Me da un ataque de risa que tengo que controlar. Voy hacia la policía. Yo he llamado también. Los he visto discutir en el pasillo y la he escuchado gritar después de un fuerte golpe.

La policía me toma los datos y subo en el ascensor, pensando en una pandilla de mafiosos rusos planeando cientos de manera de matarme. Al llegar a mi planta, la chica que vive en la puerta de al lado abre, ella con su batita y su carita de ratita asustada. ¿Qué ha pasado? . Cagada de mierda, pienso yo divertido. No puedes dejar de mirar mañana mismo una puerta de seguridad, me digo a mi mismo mientras me estremezco.

La fiesta parece que se celebraba en el pasillo y a mi me pilló metido en la cama.

16 de marzo de 2007

Tempus fugit, carpe diem

Es lo que pone en el reloj despertador que tiene mi madre encima de su mesita de noche. Y tiene razón, aunque no me guste darme cuenta de ello. El tiempo es fugaz, pasa irremediablemente, aunque no somos conscientes de ello, o no nos guste.

La fugacidad del momento, además, no nos deja ver su belleza. Ni nos ayuda a recordar todos los pequeños instantes de cada una de las situaciones que vivimos. A menudo me pasa, especialmente por las noches, en que soy consciente de que no podré acordarme de cada una de las cosas que ocurren y que siento, y me gustaría ser capaz de hacerlo. Está claro que el estado narcotizante que me caracteriza no ayuda mucho al asunto. Quizás por eso me aficioné a escribir y a fotografiar. Para recordar de alguna manera lo que vi y cómo me sentí. Primero en un cuaderno y después aquí, en esta galleta que parece que no termina de ponerse rancia. Primero con una cámara más modesta y después con la que tengo, algo más pretenciosa. Escribir y fotografiar me ha permitido revivir y reconstruir. Revivir los episodios pasados viendo a través de la lente los pequeños momentos y capturándolos. Reconstruir porque cuando soy capaz de dar forma de palabras a mis sentimientos y sensaciones, en realidad los estoy creando, ya que antes no era plenamente consciente de ellos.

Aunque la cámara y el lápiz me ayudan a echar el freno, paladear la galleta, limpiarme la boca un poco de las migajas que se quedan después de intentar comerla de un bocado, el tiempo se empeña en mostrarme su fugacidad. La última: ayer me compré una manta eléctrica. ¡Una manta eléctrica! El único referente que tengo de mantas eléctricas es la visión de madre quejándose de las cervicales, apoltronada en el sofá con una rebequita puesta. Sí señores, tempus fugit, y eso es lo que hay.

Los clásicos emplearon usualmente el tópico literario del tempus fugit en combinación con el carpe diem, aprovecha el día o, usando un dicho más popular y actual, para dos días que me quedan en el convento, me cago dentro.. Y no iba a ser yo menos. Ayer estuve de nuevo en el loft de mi amigo Ernesto. Con la excusa de comernos un jamón que le habían regalado reunió a lo más granado de la pandilla y montó una suerte de tea party donde no faltaron ni medias noches de jamón york y queso ni disc jockeys dispuestos a pinchar los temas de más rabiosa actualidad. Buen comienzo anticipado del fin de semana para el que tiene la suerte de no tener que trabajar hoy. Para rematarlo, visita a dos de mis asiduos lectores, Vision 2000 y Potxo, en Madrid. Señores, tempus fugit, carpe diem.

La belleza de un momento fugaz. El binomio inseparable Pepa-Pepita y tabaco-café

12 de marzo de 2007


Una boda siempre es un evento inte
resa
nte ...







...si se casa tu mejor amigo...
... y vas acompañado de buenas amigas.

8 de marzo de 2007

Tensión paravertebral (o mi tercer masaje)


Mi primer masaje me lo dio mi primer novio. Me puso encima de una camilla e hizo conmigo lo que quiso. Pasó sus manos por mi espalda y yo vi las estrellas cuando sus dedos se colaron entre mis músculos, tendones y huesos. Me dolió y grité, lo reconozco. Pero me gustó. Me dejó como a un preso al que le hubieran dado una paliza, pero relajado como un bebé después de su baño. Trabajar delante de la pantalla del ordenador me había destrozado la espalda. Después él se encargaría de destrozarme el corazón. Pero ésa es otra historia.

Mi segundo masaje me lo dio mi amigo Mariano. Como no teníamos camilla, me coloqué encima de la mesa del comedor. También se empleó con pericia sobre mi espalda. Estudiar las oposiciones me la había vuelto a destrozar. Su novia y mi pudor hicieron que ni gritara ni mostrara el placer que sentía, que no fue pequeño.

Ayer me di mi tercer masaje. Esta vez ha tenido que ser pagando. Es lo que tiene hacerse mayor, que según que cosas, ya no las dan gratis. La fisioterapeuta estuvo durante media hora indagando en mi espalda, apoyándose sobre ella y tirando de mis paletillas, aunque no me hizo mucho daño. Pasó sus dedos firmemente por los surcos alrededor de la columna vertebral, y el dolor se hizo algo más intenso. Tienes muy tensa la zona paravertebral. Me explicó que puedo tener dolores de espalda por no estirar correctamente antes y después de ir al gimnasio. Cosa que yo no hago ni de forma correcta ni incorrecta. No estiro. Después del masaje me dejó un rato bajo una lámpara de rojos rayos infrarrojos. Recordé entonces esos artilugios parecidos que empleaban en los bares para mantener calientes los platos de comida, antes de que llegara la era del microondas. Mientras esperaba, cual plato de pollo frito bajo la luz roja, me puse a meditar sobre mi condición. No me ha gustado mucho el masaje. No ha estado mal del todo, pero echo de menos más caña, más dolor.

Definitivamente, me va la marcha.

5 de marzo de 2007

El color del dinero


Con motivo de la boda de un amigo, he sacado unos dineros del banco, no para gastarlos en estupefacientes, sino para prestárselos momentáneamente.

Madre de Dios susurré cuando la cajera empezó a poner los billetes morados encima de la mesa. No he visto un Bin Laden en mi vida.
Pues hay muchos en circulación, me contestó divertida la chica.
Claro, pero la gente los tiene debajo de una loseta, sentencié yo.

Está claro que hoy en día, el color del dinero ya no es verde, sino lila, como yo.

1 de marzo de 2007

Venganza docente


Nunca me he considerado una persona vengativa, pero uno de mis alumnos, Palomo, ha conseguido sacar mis peores sentimientos. Con ocasión del último día de clase -el lunes se reincorpora la titular de la plaza- y la celebración del examen de la segunda evaluación, me he reservado mis peores sentimientos. Estos pobres alumnos deberían de haber tenido en cuenta que el hábito no hace al monje, y que el final no se sabe hasta el final. Valoren ustedes mismos.

El departamento de marketing de una gran empresa ubicada en el barrio sevillano de Pino Montano se encuentra reunido para tomar importantes decisiones sobre la planificación del departamento para el año 2007. La dirección de la empresa está preocupada por la evolución del beneficio, puesto que los costes se han disparado. El año pasado los costes fijos totales ascendieron a 2.500.000 um, siendo los costes variables de 50 u.m. por producto. Asimismo, vendieron su producto estrella a 64 u.m., habiendo obtenido como resultado la venta de 149.000 u.f. Un estudio realizado por el Sr. Palómez, el experto en investigaciones comerciales del departamento, aconseja disminuir el precio de venta en un 6,25%, ya que las ventas del producto se incrementarían en 16.500 uf. más.

  1. Calcula el beneficio obtenido por la empresa el año pasado. ¿Tiene razones la dirección para estar preocupada?
  2. ¿Debe el director de marketing seguir los consejos del Sr. Palómez? Razona numéricamente la respuesta
  3. Propón al director de marketing una acción de promoción de ventas y otra de merchandising para mejorar las ventas del producto