Como diría mi padre, se acabó lo que se daba. Primer día de trabajo después de las vacaciones y momento para recapacitar sobre el tema más debatido este verano: ¿por qué los surferos están tan buenos?
No puedo negar mi regocijo cada vez que llego a una playa y veo a una nutrida pandilla de cucarachas negras esperando su gran momento detrás del rompeolas. Cuando salen del agua, el hecho vuelve a repetirse: debajo de los negros neoprenos se esconden cuerpos de los que quitan el hipo normalmente acompañados de caras que dejan a servidor sin respiración. Después del estupor inicial, siempre la misma pregunta, ¿por qué los surferos están tan buenos?
La cuestión sigue en el aire aunque hay quien ya ha dado su opinión, como la Orientadora. Hay que aclarar que la Orientadora siempre suele tener una teoría para cada realidad. Pues bien, ella opina que en los chicos que practican el surf y similares (véase: kite surf, wind surf, bodyboarding…) opera el llamado efecto playa. Es decir, que si a un chaval corrientito le pones un buen moreno, un bañador y camiseta surferos, gorra y gafas de sol que le tapen media cara y algún que otro tatuaje, la imaginación hace el resto del trabajo y presenta ante ti a un fornido Neptuno sobre las olas. La Orientadora afirma que el efecto playa se descubre por las noches, cuando se despojan de los complementos y puedes verles las caras. Y que además del efecto playa, también es posible encontrar un efecto nieve, que tiene similares consecuencias pero que funciona en invierno y con los deportes blancos.
También hay en la pandilla –entre los que me encuentro yo- los que apoyan una teoría constructivista del fenómeno surfero. Esta teoría, partiendo del efecto playa, sostiene que la práctica continuada del deporte modela, cosntruye el cuerpo, por lo que una cara fea queda disimulada, además de por los complementos, por un cuerpo musculoso que desvía la atención de la vista hacia zonas más interesantes de la anatomía masculina.
Aunque el debate ha aclarado algunas dudas sobre la cuestión, no deja de ser una realidad el hecho de que a pesar de los complementos y de sus cuerpos, los surferos están muy buenos. Habrá que seguir investigando el asunto. Además de pasarlo bien, este verano se ha demostrado que se puede hacer sociología desde la toalla.